Un correcto desarrollo de los pies de nuestros hijos

¿Por qué los niños no deben heredar zapatos de otros?

Para un correcto desarrollo de los pies de nuestros hijos, es importante estar pendientes de su evolución. Así como proporcionarles un zapato adecuado desde la fase del gateo, y principalmente durante sus primeros pasos.

Los pies de los bebés al nacer tienen aproximadamente 75mm de longitud, y se caracterizan durante los primeros meses por tener un aspecto redondo. Esto es debido a la grasa que rodea la planta y que no nos permite apreciar la forma del pie ni el arco plantar. Crecen hasta los quince meses una media de una talla (6mm) cada cuatro meses y a partir de esta edad y hasta los dos años aproximadamente un número cada seis meses. A partir de los cuatro años suelen cambiar de talla una vez al año, hasta casi el final de etapa adolescente, quince o dieciséis años.

En el momento que nuestro bebé es capaz por sí mismo de ponerse de pie y dar sus primeros, aunque tambaleantes pasos, debe contar con toda la seguridad posible. No solo en su entorno, para que pueda moverse a gusto. También en el calzado que utilice. Lo ideal es que vayan descalzos, pero esto no siempre es posible. Por lo que deben contar con un calzado que le proteja el pie, con una suela flexible y ligera que de libertad a sus movimientos y que le proporcione estabilidad y equilibrio. Pero además que no sea un calzado heredado de otro niño.

Como todos, cada niño deja en los zapatos su huella, adaptando el calzado a su forma de andar y desgastándolo según su propia pisada. Heredar estos zapatos, puede generar en el niño que lo recibe consecuencias negativas en el desarrollo de la estructura de su esqueleto y especialmente del pie. Sobre todo en el arco plantar, siendo más probable que sufra de pie plano. También problemas en el apoyo y por lo tanto trastornos en su equilibrio y forma de andar. Limitando su movilidad y desarrollo en general.

Excepciones en las que es aconsejable heredar el calzado

Hay supuestos en los que lo especialistas consideran que no habría problemas en que los niños utilicen zapatos heredados. Esto es siempre que el zapato este prácticamente nuevo. Por ejemplo, los que se utilizan solo en alguna ocasión especial. Igualmente no deben tener huellas marcadas ni desgaste ni deformaciones. Fuera de estas excepciones no es conveniente, para un correcto desarrollo de los pies de nuestros hijos, que los niños hereden zapatos usados.

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